lunes, 26 de febrero de 2018

Tocar



Tendríamos que poder extendernos todo lo necesario sobre la materia que nos importa. Encontrar múltiples formas para regodearnos infinitamente en los materiales sensibles a nuestros intereses. Honrarnos desde lo profundo en nuestra capacidad para acceder a nosotros de todas las maneras posibles. Incluso sobrepasando nuestra capacidad de reconocernos. Es decir, llegando inclusive más allá de la posibilidad de comprendernos a nosotros mismos. Fallar y volver a empezar en el intento de saber qué somos. Establecernos en la búsqueda. Nadie puede negar que existe cierta fascinación en el acto de intentar comprender. A pesar de que sea sólo en una capa intermedia dentro del entramado de sentidos posibles, en la inmensa construcción intertextual que podría corresponder a cada una de nuestras vidas. Y como desde la perspectiva del demiurgo, hurgar en los elementos atávicos que nos componen. Emprender la búsqueda de cierta esencia. Por eso, restarle valor a priori a cualquier herramienta que tengamos a mano para emprender la tarea, no hace más que exponernos un rasgo de iniquidad ante nuestra propia naturaleza.

¿Cómo definirse entonces? Cuál de nuestras ansiedades, refleja la preocupación primera. Desde dónde parte la sombra que se asoma de detrás del espejo, de debajo de la cama, de más allá de un rostro desconocido. Las manos que como aves, tienen la posibilidad de tocar y volar podrían convertirse en un utensilio perfecto. Pero resultarían insuficientes si no se las sabe unidas en secuencia a ese amasijo de músculos, sangre y huesos que es una persona. Imaginarlas de manera aislada es una ambición recurrente, una pericia del lenguaje que intenta atribuirles todo el placer y el dolor que son capaces de procurar y percibir. Pero aunque nuestra comprensión del acto de tocar, haya trascendido la idealización de las manos como protagonistas únicas y privilegiadas de dicha acción, aunque entendamos y disfrutemos de la experiencia amplificada de saber que se toca con toda la piel, cómo restarle fuerza a esa construcción tan poderosa del lenguaje y la significación. Cómo no sucumbir ante la idea de que tocar es igual a usar las manos. Y sobre todo, ¿Cuál sería la ganancia de tal empresa? Con qué nos quedaremos ante la disolución de tal elaboración simbólica, si es que acaso (cosa que me parece imposible) logramos instaurar una nueva relación significante. Supongamos, algo así como que tocar es rozar las cosas con los codos o con las orejas. En todo caso, vale recordar que cada idea expresada desde el habla, denota un sentido concreto cuya base se encuentra adherida a una práctica, se sustenta en el hacer y pretender cambiar la idea general de esta construcción y su incidencia en la lengua, tendría que pasar necesariamente por modificar el hábito o la costumbre que expresa.

¿Y si esto es justo lo que intentamos? Si no, qué hemos estado explorando. Indagando en una relación distinta desde los sentidos, estamos al mismo tiempo construyendo una noción de experiencias concretas desde el cuerpo e intentando modificar su referente hablado. Usando una misma palabra, hemos intentado reconstituir un concepto. Y aunque en la realidad, esta práctica sólo es posible a través de pequeños acuerdos dentro de grupos específicos de individuos iniciados, y sólo muy lejanamente podría llegar a ser una generalización o convertirse en una ley, hemos logrado convenir en restituir un uso extendido de la palabra. Tocar, entre nosotros, brega por recobrar un sentido original. Tocar para nosotros es una experiencia práctica ampliada del cuerpo, al igual que hemos intentado amplificar el sentido de la palabra que la define. No existe una palabra distinta para el tocar entendido como el concepto común de relacionarse con el mundo a través del contacto con las manos y otra para la versión extendida de usar todo el cuerpo para percibir de manera táctil nuestro entorno.

Decía entonces que la posibilidad de usar cualquier herramienta puede sernos útil para acercarnos a nosotros mismos, para intentar saber lo que somos. De esta manera entonces podríamos llegar a pensar que, desde una visión extendida del acto de tocar, los que hacemos trabajo de contacto somos aquellos que intentamos percibir el mundo entero de manera sensible, a través de todo el cuerpo. Y también, por qué no, como seres empeñados en reconciliarnos con la lengua, empujando un poco más allá las palabras que nos definen.

 Rafael Nieves

lunes, 19 de febrero de 2018

Lo imposible de lo exacto



Tal vez por momentos pueda notarse en mí, cierto estado de convencimiento acerca de la elaboración de ideas en torno a la danza. Por instantes, esa convicción pudiese llegar a imprimir algún tipo de certeza sobre lo que pienso y digo sobre el tema del cuerpo en movimiento. Pero es necesario aceptar que la forma en que se organiza este discurso varía sensiblemente dependiendo del contexto. Es decir, muchas veces durante una clase, ensayo o entrenamiento las palabras para expresar las ideas en torno a las cuales se organiza el discurso danzado, fluyen de mejor manera que en otros espacios. Supongamos, una sala de conferencias, un pasillo cualquiera, un cafetín, incluso algún paisaje natural o más propicio para el relajamiento de los sentidos o la aparente conexión con nosotros mismos. Muy posiblemente esto se deba a que la danza exige sus propios recursos discursivos, ya no sólo desde el cuerpo, sino también en cuanto al uso de la palabra. Sospecho que hablar apropiadamente de la danza amerita cierta tensión. Encontrarse imbuido en cierto esfuerzo. Sostener al igual que cuando danzamos, un posible estado extendido de la atención. De hecho, a mi parecer hay cosas que sólo me es posible decir estando descalzo y sudado. O ante la urgencia del esfuerzo de un tercero, que necesita la llave mágica de alguna imagen verbalizada, algún acercamiento sonoro e incluso alguna entonación concreta.

Factible o no, esta relación de lo hablado y lo corporal, escapa sutilmente de las correcciones del lenguaje y se instaura en una suerte de imaginario propio del oficio. Un ejemplo podría ser esa manía tan común de querer ponerle nombre a algunas secuencias de movimiento o también esa necesidad imperativa de recurrir a asociaciones imaginativas que nos permitan comparar una movilidad con un fenómeno otro. Como si de alguna manera la gota que se derrama de una hoja después de la llovizna o la hoja de papel movida por el viento, contuviesen la misma cualidad en cada universo imaginativo personal. Como si todos tuviésemos la capacidad de visualizar el mismo tipo de hojas, la misma cantidad de agua, el mismo soplo de viento. Y he aquí entonces, que lo importante es lo impreciso de la imagen, lo imprevisible de cada interpretación personal.

Pero ésta es sólo una de las múltiples formas bajo las cuales podríamos establecer un acercamiento a lo imposible de lo exacto, en los muchos aspectos de la danza. En mi práctica particular he intentado (casi siempre de manera fallida) hacer un registro de diversos aspectos importantes desde mi punto de vista para el desarrollo del oficio de danzar. Todos ellos bastante imprecisos, para ser sincero. Este registro parte obviamente, de mi capacidad de observación y análisis, pero también y muy contundentemente de mi experiencia íntima. Para describir este aspecto, tendría que mencionar que es justamente ese carácter subjetivo e individual lo que ha fortalecido en mí, la decisión de constituirme desde esta manifestación creativa. Es este carácter individual de la práctica, el que le da sentido a la danza como posibilidad diversa. Es su característica imprecisa la que la habilita para convidarnos a ser en sus predios, haciéndola a la vez una forma expresiva concreta y posibilidad de vida múltiple. El desarrollo que hacemos de ésta en colectivo, sólo es posible en la medida que se manifiesta como encuentro. Espacio vital donde un conjunto de individuos particulares comprometidos con una forma de tratamiento del cuerpo, se permiten coexistir a través de sus diferencias. El resultado de esta coexistencia dependerá siempre de la calidad y cualidad de esa posibilidad imprecisa de estar juntos. Eso determinará una forma específica de obra, lo cual sigue siendo igualmente algo bastante indeterminado. Y por supuesto, hablar sobre esto ya es también lo suficientemente poco concreto. Tanto como para que lo sume en mi lista de elementos de la danza sobre los cuales me puedo permitir hablar, sin terminar nunca de decir exactamente qué son.

Particularmente mis intereses transitan por este tipo de elementos que se me antojan constitutivos en la práctica de la danza. Y he dado con la noción de que sólo me puedo acercar a ellos de una manera tangencial, así pretenda lanzarme de frente e intente profundizar o expresarme de la manera más apropiada posible. Mi sensación es que al decir danza estamos hablando de una forma de expresión en sí misma. De un lenguaje no del todo aprehensible desde el verbo. Sujeto al universo de lo metafórico, pero más aun hundido en las entrañas de las sensaciones corporales y sólo aprehensible desde la percepción sensible. Planteando siempre que la búsqueda es alcanzar ese estado de conexión que no podemos nombrar sin romperlo. Esa zona manifiesta donde conviven como envueltos en una espesa madeja, sensaciones, sentimientos y una cantidad bastante considerable de ideas constituidas desde la razón. Muy posiblemente la danza pueda manifestarse como una de nuestras herramientas más poderosas para destrenzar y volver a tejer este conjunto. Pero siempre claro está de una manera muy imprecisa. Muy intuitiva. Confiados a una razón otra, que difícilmente podría pasar sin atropellos, las pruebas inclementes de la razón pura. Del pensamiento lógico. Sin embargo hay un orden. Y desde siempre se ha procurado desarrollar un conjunto de formas para entender lo corporal expresivo. Se han establecido puentes hacia esas otras formas de comprensión. Desmadejando y volviendo a tejer esta cadena interminable. Es así como perdidos, pero no tanto, intentamos de manera infinita constituir espacios desde los cuales se manifieste el cuerpo en movimiento. Espacios para expresarnos desde el cuerpo. Cada cual atendiendo a sus imprecisiones particulares. Estableciendo vínculos con otros, y con universos no menos variados, pero con una cierta coherencia depositaria de siglos de búsqueda común.

Yo por ejemplo estoy encantado con la posibilidad de contarme. Sobre todo la posibilidad de contarme desde la danza, reconocerme desde ésta como un ser concreto. Ser alguien desde mi cuerpo e intentar decirlo. Aunque eso sí, sumamente impreciso y un poco disperso. Generando categorías instantáneas que se desvanecen o se reconstruyen con cada otro y en cada encuentro. Creyendo que la magia es posible si la pienso descalzo y sudando. Buscando el trance. Deseando alcanzar así, un poco sin una razón clara, una enumeración imperfecta de las formas y nombres del cuerpo en movimiento. Un poco raro, distinto, tan parecido a todos esos que habitamos la danza.
Rafael Nieves

martes, 6 de febrero de 2018

BARAJA ESPAÑOLA Lectura del 06 de febrero 2018



A modo de introducción me gustaría comentarte que si estás leyendo esto es porque de alguna manera, los naipes que se encuentran extendidos en el paño tienen algo que decirte. De otra forma, estoy casi seguro que hubieses evadido esta pequeña distracción, que más que acto adivinatorio conserva la pretensión desprendida de lo lúdico. Además claro está, de un intento por preservar este instante irrepetible. De manera que espero disfrutes al igual que yo, este pequeño capricho del azar, que a través del tiempo y la distancia, nos permite reunirnos en torno a esta tirada de la baraja. De ante mano me excuso si al mirar las cartas tienes una interpretación diferente a la mía. Bastará entonces, con que lo guardes contigo como prenda de este encuentro y le des el uso que mejor provecho te prodigue. En pocas palabras, si estás acá, estás cartas son para ti.

En aras de aligerar nuestro encuentro, he dispuesto la tirada de hoy en sólo tres zonas del paño. A mano izquierda están las relacionadas con el momento actual. En el centro y un poco más arriba he querido colocar las que representan las aspiraciones, tal vez como expresión del deseo de alcanzar juntos algo diferente. Finalmente a mano derecha están colocadas las tres cartas que contienen los consejos de la baraja. Entonces, iniciemos.

A mano izquierda. Representando nuestro momento actual se encuentran el cuatro de bastos, el tres de copas y el rey de oros.

Curiosamente y aunque cualquiera pueda pensar lo contrario, iniciar nuestra lectura con un número cuatro señala de manera inequívoca que en medio de cualquier circunstancia, existe un tipo particular de equilibrio que nos ha permitido navegar dentro de la situación. El hecho de que este cuatro sea de bastos es sumamente significativo, porque indica justamente que es cierto carácter creativo o intuitivo el que nos ha permitido continuar adelante, sobre todo estando acompañado como está por el tres de copas, que nos habla de explosiones emocionales, de sentimientos que se disparan casi sin control en cualquier dirección. Amorosos o violentos, sin distinción o más bien con tendencia hacia alguno de los extremos dependiendo de su relación creativa o incluso sexual con el cuatro que le precede y organiza. El rey de oros acá, completa claramente la idea, porque nos dice que la única resolución posible al precario equilibrio anterior, se encuentra en ejercer dominio sobre lo material en general. Lo cual podría ser una distribución concreta de recursos o un cuidado muy vigilante de la salud. Y esto redunda invariablemente en el disfrute del cuerpo como instrumento para transformar su entorno o generar los cambios necesarios.

Al centro y un poco elevado. Encontramos aquí lo que queremos y están, el dos de espadas, el rey de bastos y el tres de oros.

A través del dos de espadas, nuestros deseos se manifiestan primeramente por la necesidad de guardar celosamente nuestras ideas. Prepararnos, acumular, juntar conocimientos, en espera de la oportunidad adecuada para expresarlos o generar mejores relaciones a futuro. Es la palabra como vínculo indisoluble e inmanente en cualquier forma de relación interpersonal, que necesita ser cuidada. También por medio del rey de bastos, aparece el deseo de obtener plenitud creativa. E interpretado en relación al cuatro de bastos anterior, expresa nuestra necesidad de proyectar ese equilibrio a un nivel superior de realización, desde el cual podamos incidir intuitivamente en el mundo o quizás disfrutar plenamente de aquello que en un primer momento sentimos que nos brindaba un equilibrio tal vez precario, por su tensión con las emociones disparadas por el tres de copas. Más que poder de decisión, se podría traducir en capacidad para el disfrute. Al tiempo que concluimos nuestros tres deseos con el tres de oros, representando nuestras ganas de vivir una explosión material, el surgimiento al fin de una visión expansiva de lo material. En un sentido muy amplio, podríamos verlo como curarse, un estallido de vida saludable y de abundancia sin control. Todo eso deseamos.

A mano derecha. Lo que aconseja la baraja, aquí tenemos el As de oros, seis de copas y dos de espadas.

Las cartas nos hablan con propiedad ahora. El As representa la unidad en donde todo se funde, de donde todo viene. Contiene la potencia total de su elemento y se expresa como un inicio o la conjunción de todas las posibilidades. Nuestro mazo, a través del As de oros nos incita a encontrar el origen de la salud, de lo frondoso, de lo que crece y se puede compartir. Nos devuelve como una pregunta, la cuestión de si sabemos que hay en nosotros capaz de crecer y producir cosas valiosas. Cosas que se pueden compartir y percibir con los sentidos. El seis de copas es la belleza del encuentro con nuestros sentimientos. Nos llama al sosiego, a la solidaridad de las emociones, a dividirnos como él en números idénticos y a darnos. A ser espejo y a vernos reflejados en el bienestar de los otros. A encontrarnos y mostrar gratitud. Cerramos esta tirada muy acertadamente con el dos de bastos. Simbólicamente llamando al recogimiento, a la constricción del deseo, a la acumulación creativa. Nos hace una suerte de llamado a cuidar nuestra capacidad intuitiva, quien sabe, quizás nos pide guardarnos al menos hasta que llegue el carnaval.

Preciso unas pocas palabras finales para agradecerte el haberme acompañado en este pequeño viaje. No creo poder distinguir si he acertado en algo o si al contrario, como es necesario, nos he permitido una pequeña rendija de escape para dibujar juntos la posibilidad de un fugaz instante de ensueño. "¡Las sombras del inconsciente destacan a menudo los resplandores de un mundo en donde el sueño tiene mil placeres!" dice Bachelard, y afortunadamente, ya casi todos estamos soñando.
Rafael Nieves

lunes, 5 de febrero de 2018

Entrar al piso



Primero debes permitir que tus manos desciendan suavemente desde lo más alto que puedas elevarlas, hasta llegar al tope de tu cabeza. Después deja que se deslicen a través de ti, recorriendo la mayor cantidad de superficie, hasta llegar lentamente a tus pies. Y de ahí hasta el suelo. A medida que bajas, percibe como los dedos de la mano y la palma, van adoptando la forma de esa parte de tu cuerpo que van tocando. La sensación es casi como agarrar, pero sin llegar a apresar lo que tocas. Es necesario que regules la cantidad de presión que ejerces sobre tu propia piel. Esto en principio, no debería ser demasiado fuerte ni excesivamente sutil. Menos fuerte que restregar, más firme que una caricia leve. Pero igual es tu mano y es tu cuerpo, así que decide tú cómo te gusta. De ser posible haz el esfuerzo de no recorrerte de forma lineal, percibe las curvas, los espirales. Te darás cuenta que dependiendo de la flexibilidad que le otorgues a tu mano, podrás acceder a zonas generalmente menos expuestas al contacto. La velocidad también es importante. No hay apuro. De manera que por momentos, tus manos podrán desplazarse en direcciones no necesariamente descendentes. Puedes recorrerte en la dirección que quieras, pero no olvides que el objetivo es llegar hasta el suelo. Yo, debido obviamente a mi obsesión particular, prefiero mantener un esquema que me permita, así sea de una manera aproximada, cierta simetría. En éste, paso de la cabeza a un brazo a través del cuello, claro está, y de ahí al otro brazo tocando pecho, clavículas, para luego descender en forma desordenada, digamos, con cierta libertad por el torso hasta llegar a la cadera. Entonces viene ese particularísimo momento de tantear el propio pubis hasta llegar a una pierna, sacando el pie del piso para no bajar del todo el torso, cosa que ocurrirá en el momento e que finalmente, regresando por la cadera, iniciemos el descenso hasta un último pie. Algunas partes, como es natural, podrás abarcarlas con ambas manos. En otras en cambio, deberás decantarte por alguna de tus extremidades. Como ya te habrás dado cuenta, ese ir abajo amerita no sólo que tus manos y brazos se movilicen. Haciendo un poco de memoria es interesante recordar cómo para que tus manos descendiesen en primer lugar hasta la cabeza, fue necesaria cierta tracción por parte de tus brazos. Como en una reacción en cadena, desde tu columna vertebral y la musculatura de tu torso y espalda, se inició una secuencia de movilidades. Tracción que no sólo funcionó en sentido estricto durante ese momento de arranque, sino que así tú no lo notaras, así ya no fueras consciente, se mantuvo activa durante toda la experiencia. Esta cadena de acciones mecánicas que se proyectó a través de la relación entre tu espalda, hombros, brazos, manos, dedos, está sincronizada por un complejo sistema de nervios que como hilos internos en una marioneta, determinan la cualidad de cada movimiento. Pero eso, la verdad, no nos interesa mucho. Más nos importa descubrir cómo propiciar que esta movilidad se produzca. Y que además, en el contexto de nuestra experiencia cobre sentido. Ese sistema de tensiones y compensaciones, es la causa de toda flexión o torsión o inclinación en nuestro torso que al intentar alcanzar con las manos nuestros pies, se contrae de manera armoniosa sobre sí mismo, regocijándose en cierta flexibilidad insospechada. Una relación similar a la que ocurre en nuestras piernas, las cuales después de cierta acumulación de esfuerzo nos alertan sobre la necesidad de ajustarse. Así que por favor, flexiona las rodillas y permite que toda tu estructura avance en dirección a tus talones. Descubrirás que tus manos, prolongación de tu espalda y ya sensibles al contacto, podrán (cosa maravillosa) apoyarse en el suelo con seguridad y ayudarte a sostener el equilibrio con cierto goce. Podrás entonces, pasar progresivamente de estar agachado a reposar tu cadera de manera fluida sobre el piso y una vez ahí, disfrutar de otra perspectiva del mundo.
Rafael Nieves


lunes, 29 de enero de 2018

Cómo decir la Danza


I. Continuamente me encuentro ante la dificultad acerca de cómo decir la Danza. Puede que en principio esto suene algo excesivo o errático, pero si se parte de la comprensión de tantos años de práctica casi obsesiva y sobre todo, de una consecuente experimentación en cuanto a formas concretas de construir obras, y entrenar cuerpos para estas obras e incluso búsqueda exacerbada de ideas necesariamente no verbales para insertar en dichos trabajos, es posible comprender que sentarse a intentar poner por escrito dicha experiencia podría convertirse en una aventura muy difícil. Casi tanto, como un viaje de regreso del centro del laberinto asediado por minotauros, medusas y sirenas terriblemente encantadoras, y a la vez mortíferas. Quizás por eso piense, que la mejor forma es suplicar por un juego de alas a Dédalos. Incluso a sabiendas que de tal empresa sólo es posible retornar chamuscado y siniestramente arrastrado por las olas del Egeo.

Porque hay que estar claro que después de tanta Danza en la vida, sólo puede aspirar uno a tocar el sol.

Pero si no, ¿cómo entonces? Quizás arrastrado por los pantanos del delta, convertido en una fantástica Anaconda de seis metros de largo, esperando que alguna presa incauta se acerque a pastar a las marismas. Para apresarla con firmeza con nuestro propio cuerpo, y luego ir sutilmente acompasando su respiración con la constricción de nuestros músculos. Y escuchar atentamente sus latidos cada vez más lánguidos. Hasta finalmente lograr engullir a nuestra víctima. Acomodarla dentro de nosotros. En un tiempo dilecto que sea réplica suplicante del latido de los astros y la selva. Desencajando la mandíbula. Asfixiando a nuestra presa, y reptando por los pantanos con nuestros cuerpos fundidos en un gesto fraternal de muerte.

Porque quien Danza también aspira en parte a ser Uroboros, a escurrirse rampante en el ciclo interminable de vida y muerte del mundo.

Pero que tan mitológico resulta ese ser que eligió vivir desde el cuerpo. Ser la Danza misma. Subir o bajar montañas para llegar a su terreno de práctica. Seleccionar cuidadosamente cada indumentaria que le permita sentirse acorde a ese deseo de volar o a reptar primigenio. Preocuparse un poco más de lo natural porque su esfuerzo físico se equipare a su insumo calórico. Transfigurarse en observador acechante de sus propios brazos y piernas. Atento a cada abolladura en sus pies descalzos, a cada raspadura de rodillas o codos. Vigilante obseso de su conexión sacro-craneal. Explorador incansable de sensaciones e intuiciones. Observador prolijo de la respiración, el ritmo cardíaco y la dosificación energética. Metáfora y realidad misma del cuerpo en movimiento.

II. No es difícil encontrarse con la Danza como alegoría en distintos contextos. Muy al contrario, resulta sumamente común que se le utilice como una forma de enunciar algún concepto abstracto e incluso alguna actividad concreta que fluya de manera acompasada y armónica. Podemos pensar en frases como "la danza de la vida" o "la tormenta aquella que interpretó a su paso una danza de muerte y destrucción". Una composición plástica puede convertirse por verbigracia de algún estilista en "una danza de formas y colores", y así por el estilo. La Danza entonces se constituye en categoría simbólica que edifica una noción múltiple, sólo susceptible de ser interpretada en el marco de su devenir como idea. Es decir ocurre una idealización de la Danza que no puedo imaginar que tanto nos toca. Porque, qué tan difícil sería encontrar un ideal de belleza en nosotros, con nuestra ropa gastada, girando, abrazando o dando vueltas por el piso de madera. En nuestros espacios rituales arrebatados a cualquier otro uso, con el único propósito de que la Danza sea. Para poder nosotros vivir y ser Danza. Umberto Eco en su ensayo Sobre el símbolo, cuenta que "He intentado definir el modo simbólico como una estrategia textual particular. Pero fuera de esta estrategia textual (...), un símbolo puede ser o algo muy claro (una expresión unívoca, con un contenido definible) o algo muy oscuro (una expresión plurívoca, que evoca una nebulosa de contenido)." A mi parecer, en ambos casos, el carácter simbólico de nuestra práctica no hace más que servir de sustento (debido quizás a su carácter sólido y sutil) para la construcción de esas ideas-otras. Quizás ya no en un sentido tan amplio como un símbolo, sino la mayoría de las veces como alegoría, como cuerpo (claramente redundante) para ese universo de ideas que necesitan completarse en el plano de lo visual o argumentarse intencionalmente en el plano emocional o sensitivo. "La alegoría transforma el fenómeno en un concepto; el concepto en una imagen, pero de suerte que aún tenga y retenga el concepto limitado y completo en la imagen y en ella se declare." Dice Eco, en el mismo ensayo. De manera que la danza en el verbo, parece ser urgente para darle cuerpo a lo que carece de él. Y aunque quizás en el plano de pensamiento lógico encuentre detractores, resulta fundamental para la argumentación en el plano metafórico, sicológico y hasta numinoso. La Danza como manifestación del cuerpo trascendido parecería ser a la vez, dificultad para la claridad de pensamiento (en la razón o lógica) y obscuridad facultada para expresar lo incognoscible a través de la palabra (en lo no razonable o lógica-otra). De manera que se establece como un idioma extranjero a toda nación, pero común a toda cultura. La Danza se erige como la posibilidad siempre viva de decir lo que no sabemos, de ayudarnos a expresar una lengua múltiple constituida desde las fronteras de lo que somos y no conocemos. Algo que de alguna manera impredecible, poseemos todos. Al igual que tenemos las llaves de ese alfabeto oscuro y a la vez muy claro, de lo que se dice desde el cuerpo a través de los vínculos profundos construidos desde la danza.

III. Un viaje como el iniciado a partir del estudio de la Danza, generalmente no acaba nunca. La imagen del éxtasis sin retorno sería la más adecuada para describir el mundo vivido desde el ejercicio de la exploración del cuerpo pleno. Una sucesión de vivencias interconectadas a través de los sentidos, un flujo constante de sensaciones con sus respectivos equilibrios lógicos y emocionales que una vez iniciados, no se detienen. Las secuencias de movimiento cobran vida más allá de las nociones más elementales. El cuidado del cuerpo no acaba en la composición orgánica de las estructuras físicas. Te enferma o te cura una emoción o un sentimiento. Te sostiene, la coherencia que puedas otorgar a un sistema de entrenamiento o a un montaje diseñado no sólo para rendir mecánicamente. Los límites se traspasan, las sesiones de exploración y búsqueda se prolongan al sueño o la vigilia cotidiana. Se es en la Danza o no se vive la experiencia original y completa. Los bordes casi siempre están habitados por pedazos de nosotros en constante renovación. Nunca se es solo en la Danza, siempre algo más grande te acompaña. Así no sepamos cómo nombrarlo. El que exponer estas ideas nos sea tan difícil, denota la dependencia de esa otra lengua materna y universal del gesto, con sus suspiros y tensiones, con sus latidos y pequeñas inclinaciones intraducibles.

Ciertamente toda representación del mundo que tome en cuenta el movimiento de los astros, la circulación de nuestros fluidos, el cambio en las mareas, el transito del tiempo, la germinación, la colisión de los átomos, la evaporación, la condensación y la precipitación, el nacimiento y la caída de las civilizaciones, el cambio de las estaciones, el crecimiento de un niño, la alternancia de la noche y el día, el vuelo sincronizado de los pájaros o el aleteo constante del colibrí, el juego entre los dedos y las cuerdas de un instrumento, los cambios imprevisibles de estado de ánimo, el estallido de la vida o la degradación de la muerte, todos, absolutamente todos, podrán tener en nosotros una referencia-otra. Una alegoría mejor. Una forma manifiesta en el cuerpo a través de la Danza.

 Rafael Nieves

lunes, 22 de enero de 2018

LA BARAJA ESPAÑOLA


I. Nuestro año ha comenzado de la manera más estrepitosa posible. El vértigo producido por las incertidumbres venideras nos ha colocado en estado de alerta extrema. Aún así, se puede sentir como todos nos esforzamos por mantenernos conectados con la vida. Persistiendo en la libertad de pensarnos de manera distinta. Buscando formas de librarnos de tanta incomprensión, tanto absurdo. Por eso es que se me ha ocurrido invitarte a este pequeño juego.

Si bien es cierto que existen muchos mitos en torno al uso de las cartas como oráculo, en mi caso he decidido decantarme por un sistema de interpretación más cercano a lo lúdico. Las cartas vistas como una herramienta para acercarme a los otros y a mí mismo, desde una comprensión más intuitiva del mundo. Aunque mi búsqueda es relativamente reciente, he podido percibir como progresivamente sus formas, sus colores y sus números, han ido cediendo (a partir de este acercamiento más creativo que adivinatorio), un espacio para la interpretación, donde lo simbólico ha comenzado a manifestarse como a través de una malla de ensueño. Otorgarle un valor mayor que el de deshojar una margarita, equivaldría por mi parte a traicionar el espíritu de encantamiento que me llevó hasta ellas. Porque para cosas serias, comprometidas e incluso ajenas, me parece que tengo espacios de sobra. Mi apego se encuentra más cercano a lo referido por Jung en el prólogo del Libro de las mutaciones, cuando observa que "La cuestión que interesa parece ser la configuración formada por los hechos casuales en el momento de la observación, y de ningún modo las razones hipotéticas que aparentemente justifican la coincidencia." Razón por la cual su atractivo es más fácil de percibir estando en presencia de los naipes, o cuando se les distribuye en el paño, o cuando nos detenemos con el pensamiento en algo o alguien mientras barajamos las cartas. De manera que, aunque no me lo pediste, voy a echarte las cartas. Te pido por favor que te permitas un momento, que abras tu mente y que disfrutes del juego. Aunque si esto no llegase a pasar en un primer momento, no debes sentir angustia ni disgusto. Es del todo normal tomando en cuenta quienes somos, cual es nuestra historia. Jung dice, "Únicamente nosotros (los occidentales) nos sentimos perplejos, porque tropezamos una y otra vez con nuestro prejuicio, o sea con la noción de causalidad. La antigua sabiduría de Oriente pone el acento sobre el hecho de que el individuo inteligente entienda sus propios pensamientos, pero no le preocupa en lo más mínimo la forma en que lo hace. Cuanto menos piense uno en la teoría del Yi Ching, mejor dormirá." Así que, sin importar en qué creas, espero que lo disfrutes.

II. Necesito comenzar por explicarte que aunque he estado estudiando profusamente lo que podríamos considerar como el lenguaje del Tarot de Marsella, he decidido hacer esta lectura basado en los naipes de la Baraja Española. Por un lado esto se debe a que de cierta forma no tan exacta pero muy cercana, sus tarjetas se corresponden a los llamados Arcanos Menores del Tarot. Mi acercamiento a ellos se encuentra íntimamente relacionado con su carácter numérico y la identificación de los palos con los elementos naturales y en cierta medida con  las funciones de la psique dentro de la teoría de Psicología Analítica. Pero ya Jung nos explicó que si queríamos consultar nuestro oráculo y dormir tranquilos, esto no nos debería importar tanto, ¿verdad? Como nota curiosa la palabra Arcano está definida como "algo que es difícil de conocer o secreto", lo cual nos pone de plano ante una categoría que se resuelve en términos de tensión entre lo conocido y lo oculto. El hecho es que con nuestras cuarenta cartas, las mismas con las que aprendimos a jugar truco, ajiley y solitario, intentaremos acercarnos a algo que no conocemos. Esa es la otra razón por la cual usaremos la Baraja Española, reencontrarme con ellas ha sido un viaje de regreso a la familia y al hogar de la infancia. A momentos de diversión con primos, tíos, abuelos y amigos. A mi renuencia a usar dinero para apostar, y al culto casi fetichista por ese único objeto de diversión posible, en tiempos de montaña y olor a monte.

Te cuento que para nuestra tirada de hoy, he dividido el paño donde extiendo las cartas, en cinco zonas imaginarias de interés para la lectura. A mano izquierda se encuentra la primera zona, en la cual están las cartas referidas al momento actual. En el centro o segunda zona aparecen las cartas concernientes a los deseos o ambiciones. Arriba de éstas, está la tercera zona con las cartas que hablan a favor de los deseos. Abajo del centro, la cuarta zona contiene las cartas que hablan de las dificultades para lograr estos deseos. Finalmente a mano derecha está la quinta zona, desde la cual las cartas van a dar sus consejos. Normalmente, a solicitud del consultante suelo colocar cartas extras en aquellas zonas donde haya dudas. En este caso y debido a la manera Sui generis en que establecemos nuestro juego, me he permitido solamente colocar cartas extras en la zona de los consejos. A esta forma de distribuir los naipes la llamo Tirada general y nos va a ser de mucha utilidad porque no hemos hecho ninguna pregunta, y podremos dar un enfoque más amplio de cada punto, en espera de que seas tú quien le encuentre un sentido particular a la lectura.

III. Este relato lo vamos a efectuar de izquierda a derecha como cuando leemos un libro. Pero algunas veces, si una combinación distinta de las cartas nos permite estructurar nuestra historia de manera más fluida, o nos ayuda a engranar mejor el conjunto, nos podemos saltar esa regla. Por cierto que eso es lo que intentaremos, crear juntos un cuento que transite por las cinco etapas que ya enunciamos.

Primera zona
Esta zona como ya te indiqué, se encuentra a mano izquierda y en ella están las cartas que nos hablan del presente, es decir del lugar donde te encuentras hoy en relación a los aspectos que vamos a tratar. En ese sitio aparecen en este orden el cuatro de espadas, el cinco de copas y el tres de espadas.

Tu primera carta de toda la tirada es muy significativa porque representa la forma en que iniciamos tu cuento. En este caso el cuatro de espadas en esta zona nos habla de un equilibrio en cuanto a tu actual forma de pensar. O también cierta armonía en tus pensamientos. El cuatro representa una forma sólida, equilibrada, trata de pensar en cómo se complementan las cuatro estaciones o los puntos cardinales o si quieres algo más simple las patas de una mesa. La espada representa los pensamientos. En cambio el cinco representa un punto de vista diferente, la aparición de una unidad extra que rompe el equilibrio y propone una opción distinta. Una quinta pata, incómoda, pero que se hace preguntas y busca opciones. Las copas están referidas a los sentimientos o a las emociones en general. El tres de espadas vendría a ser el estado previo al equilibrio. Ese momento anterior en que nace como una explosión vital, lo que se estaba gestando en estado de incubación. Es posiblemente la primera expresión tangible de una forma de pensar o una idea a la que le falta pulirse. Resumiendo esta zona podríamos decir que tienes algunas ideas muy claras que son las que te ayudan a mantener un equilibrio racional mientras tal vez, estás en la búsqueda o a la expectativa de nuevas emociones, posiblemente producto de una idea que aún no tienes clara o a la cual le estás dando forma. Como nota sugestiva, la relación que hay entre unas ideas muy sólidas y algunas que todavía necesitan madurar o que se manifiestan con una fuerza explosiva.

Segunda zona
Esta es la zona central. Aquí vemos representados los deseos y aspiraciones. En este caso está conformado por el caballero de espadas, el rey de oros y el rey de espadas.

Lo más interesante que se nos presenta a simple vista es nuevamente la nutrida presencia de naipes de espada. Como si el pensamiento o las ideas tuviesen prioridad tanto en el lugar donde te encuentras ahora y como en lo que te planteas lograr a futuro. De hecho resulta muy coherente y definitorio que teniendo un equilibrio de pensamiento y el surgimiento de nuevas ideas, esté dentro de tus planes o sueños la posibilidad de ir al mundo con ellos. Obtener cierta posibilidad de trascendencia, incluso superarlos y transformarlos en una forma fluida de conectarte con los otros. El caballero en este caso representa la posibilidad de transitar, de ser algo más. Y al ser de espadas este cambio, podría significar la opción de desprenderte de lo aprendido una vez que has llegado a lo que consideras el límite de tu interés en ese aspecto. Como si ya las ideas por sí mismas no fuesen lo suficientemente satisfactorias y en correspondencia con el ciclo natural de los palos del naipe, pudieras por ejemplo ir en busca de la unidad de las emociones, de esa potencialidad expresada en sentimientos. Por otro lado el rey de oros nos habla del deseo de disfrute de lo material o tal vez de las sensaciones y el cuerpo. Porque acá el rey no necesariamente significa ejercicio del poder sino más bien disfrute de una posición alcanzada. Igualmente que el rey de espadas estaría referido a dicho disfrute en el plano de las ideas. Resumiendo se podría pensar en un deseo de ir al mundo, de experimentar una transformación desde lo racional que posiblemente ya se sublima y da el paso hacia los sentimientos, al mismo tiempo que existe el deseo de goce pleno del cuerpo, quizás visto como capacidad o salud y también el anhelo de disfrutar con holgura de todo lo que has aprendido o de esas ideas que has conseguido concretar.

Tercera zona
La tercera zona la encontramos justo en la parte superior al centro y está relacionada con los factores a favor del logro de los deseos. En este caso está conformada por el cuatro de bastos, dos de oros y la sota de copas.

La primera carta de bastos aparece para ti aportando a favor del logro de tus objetivos o deseos. Como ya vimos antes el cuatro es equilibrio y armonía, en este caso asociados al aspecto creativo, intuitivo o sexual. Podría interpretarse como que la moderación en el aspecto creativo ayuda a lograr ese disfrute del cual hablamos en la zona de los deseos. A este se le suma el dos de oros. El dos es el estado previo a la explosión vital representada por el número tres y podríamos asemejarlo a ese estado de acumulación donde una semilla almacena energía proveniente de la tierra, del agua y del sol. Es un estado previo al nacimiento, un estado de gestación y aprendizaje, en este caso asociado a una capacidad material, física o sensorial. Podría pensarse también en un momento en que las necesidades se encuentran cubiertas gracias al recogimiento o al ahorro. La sota de copas habla de una tensión entre la acumulación y la explosión vital en el aspecto emocional. Tal vez, una duda. De alguna manera transitar entre guardarte y explotar sentimentalmente se hace favorable para lograr ese disfrute material e intelectual que está entre tus deseos. En resumen te podría aportar al logro de tus metas mantener un equilibrio intuitivo en lo creativo o sexual, mantener tus necesidades cubiertas o en un estado previo acumulativo y mantener viva cierta duda sobre tus sentimientos.

Cuarta zona
En la zona de abajo se encuentran las cartas que nos hablan de los obstáculos que te podrían impedir el logro de tus deseos. Aquí podemos ver la sota de espadas, el seis de espadas y el rey de bastos.

Contrariamente a lo que podría interpretarse en un primer momento, las cartas que se encuentran en esta área no representan necesariamente, un aspecto malicioso o maligno. Al contrario a mí me gusta pensarlas como ciertos aspectos e incluso logros de nosotros mismos, que nos impiden desarrollar enteramente lo que deseamos. Desde esta perspectiva, me parecería incluso más sano en algunos casos, permitirse la posibilidad de cuestionarse la prioridad o coherencia que tienen nuestros deseos, en función de la valoración de lo ya logrado. Primero que nada en esta tirada nos volvemos a encontrar con una acumulación de espadas. Lo cual resulta muy significativo si comprendemos que muchas veces son algunas ideas instaladas en nosotros las que nos inhiben de acceder a otras formas de organización de pensamiento o a puntos de vista diversos. En el caso de la sota al representar la tensión entre el deseo de acumular y de estallar energéticamente, nos dice que algunas ideas pueden que te hagan dudar y apareciendo en la zona de los obstáculos podríamos concluir que esta duda, particularmente, no es beneficiosa para el disfrute y la expansión del pensamiento que deseas. El seis número de la belleza y la plenitud, del encuentro con uno mismo y con nuestro gemelo, habla posiblemente de un envanecimiento intelectual. Una forma de pensar que nos gusta tanto, que nos impide un cambio o disfrute real, que está conectado indefectiblemente con acciones concretas en el mundo más que con una visión hedonista. El rey de bastos destaca por su vigor y nos dice que quizás cierto estado de plenitud y disfrute en el accionar creativo, tal vez una excesiva dependencia de tus deseos o intuiciones, tampoco juegan a favor en este caso concreto. En resumen la duda sobre algunas ideas concretas, algunas ideas que disfrutas mucho y tal vez una exacerbada plenitud creativa o sexual, podrían jugarte en contra del logro de las metas aquí planteadas.

Quinta zona
Está zona la encontramos a mano derecha y está compuesta por tres cartas de la tirada inicial y su complemento de tres naipes extras, representando el área de los consejos o exhortaciones. La base está compuesta por el As de oros, el seis de oros, el seis de copas y las complementarias leídas en sentido descendente son el caballero de bastos, el siete de oros y el seis de bastos.

Las cartas en esta zona pueden interpretarse como una respuesta directa a las cartas de la zona de los deseos (Tercera zona) o también podría tomarse como una orientación general referida a los distintos aspectos que fueron apareciendo a lo largo de nuestra lectura. Comenzando por el As de oros, habla de la potencialidad material. El As como representación de la unidad, contiene en sí a todo el resto de la escala numérica y por ende las cualidades de su palo respectivo. De tal manera que al interpretarlo podemos pensarlo tanto como el punto de partida, como la presencia de todos los aspectos de su pinta, pero en estado potencial. La imagen más elemental es la de la semilla, de la cual va a nacer el árbol, que tendrá hojas, y dará flores, de las cuales nacerán los frutos, que nos regalarán nuevas semillas, que nuevamente será árbol, y así hasta el infinito. En este caso las cartas aconsejan encontrar o apropiarse de esa semilla que en lo material nos permitirá dar. Porque además del sentido progresivo contenido en la lectura de las cartas, y su enfoque positivo desde la perspectiva de la búsqueda de autoconciencia, las cartas nos hablan de compartir el logro. La abundancia aquí no es tal si no es también para los otros. Lo significativo de ese As de oros como primera carta dentro de las exhortaciones, es que te anima a conseguir la semilla de la abundancia y el compartir. El seis de oros es la plenitud y el disfrute de ese estado material o sensorial, podría ser un cuerpo pleno, con mucha salud o recursos y el seis de copa te invita a que disfrutes de tus emociones. Que valores la posibilidad que te brinda la belleza de un sentimiento pleno. Como complemento el caballero de bastos te recomienda que si vas a salir al mundo, si vas a conquistar o a transformar tu entorno lo hagas creativamente, confiando en tu intuición. El siete es el número de las acciones concretas, de la resonancia, de los logros tangibles y en este caso si se lee en conexión con el resto de las exhortaciones, este naipe de oro simboliza que ese disfrute de lo material o sensorial impacte de manera concreta en tu entorno. Para terminar esta historia tuya de hoy, tenemos el seis de bastos, que visto por sí mismo representa la belleza de la creación o la plenitud intuitiva, o sexual. Y en lo que a mí concierne es una invitación plena al disfrute de tus zonas menos evidentes, más íntimas, una exhortación a que te permitas encontrarte creativamente contigo o muy posiblemente con algún otro que le sirva de espejo a eso tuyo que aún no conoces del todo.

IV. Decía al principio, que nuestro año ha comenzado de la manera más estrepitosa. Hablaba de cierto estado de incertidumbre. Nos sabemos sumergidos, hundidos casi hasta el fondo. Pero entonces ahí es donde pienso que ahora, en este momento, cualquiera podría dar fe. Cualquiera, como el maestro Palomares, podría decir: "Yo vi qué come el río y vi su mesa / y tenía platos como guayabas podridas y ganado muerto y casas / y todas las siembras que se llevó / y un hilo verde, muy verde, como un ángel." Cualquiera de nosotros podría ser testigo.
 Rafael Nieves


lunes, 15 de enero de 2018

Simpatía por el Diablo


1. Aprovechando que estoy en mi mes, me gustaría empezar declarando que siempre ha existido en mí una dicotomía basada en odiar mi cumpleaños y asumir que me resulta particularmente atractivo. Que su fecha coincida año tras año, con el primer día escolar lo hace si no interesante, al menos particular. Cumplir el siete de enero significa despertarse en la mañana con la doble expectativa de una posible felicitación y el regreso a esa rutina tan poco gratificante, que asocio a comenzar a levantarse más temprano, hacer la tarea y pelearse en el recreo. Panorama absolutamente más desolador cuando estudias internado y debes soplar la vela de la torta con el uniforme puesto porque ya al rato te depositarán en el instituto respectivo. El hecho es que cumplir ese día también ha traído un par de cosas interesantes. Una de ellas por ejemplo, es haberse preguntado toda la vida, qué animal es ese que tiene cuerpo de chivo y cola de pescado, con el cual la mayoría de los horóscopos representan al signo capricornio. Nunca está de más aclarar que, por más lector u obsesivo que uno sea, y que desde pequeño se haya cogido el hábito de leer todo lo que llevase ese emblema, sólo haya servido para alertarme sobre cuando perdería un trabajo inexistente o advertirme que hiciese las paces con una esposa que no tenía o facilitarme algún número que debía jugarme en la lotería. Sin contar que la mayoría de ellos están dirigidos a mujeres, lo cual resulta particularmente vergonzoso de admitir. Pero en mi caso, el tema fue la ausencia de cualquier tipo de literatura que me ayudase a desentrañar el contenido simbólico que tenía aquella imagen cornuda. Más adelante como es natural, a medida que iba creciendo, se fueron combinando en mi cabeza mis algo fallas nociones religiosas con mi adicción a las películas de terror y literatura de ficción. Aquella cabra-pez que aparecía en los periódicos dándome consejos en áreas tan diversas como la salud, el trabajo y el amor, fue mutando en mi imaginario a una suerte de Diablo inútil, que no podía trepar montañas rocosas a falta de pezuñas traseras y mucho menos respirar bajo el agua, a falta de las consabidas branquias, algo que queda muy claro, si alguna vez viste un chivo de verdad o al menos le das el uso adecuado a cualquier libro de ciencias de segundo grado de primaria. Otra cosa son las ideas que caminan (o reptan ¿?) junto al señor de los cuernos dominicales. Resulta que con el tiempo, la gente cercana que se ocupa de esos temas, termina conviniendo en que eres un típico capricorniano. Resultas ser obstinado y terco. Exageradamente organizado y con tendencia más bien maniático-obsesiva, combinada con un toque de frigidez emocional. Y es ahí donde decides que tienen razón los que se quejan de que no sirven para nada los horóscopos. Aún cuando sepas, que cada vez que les cae algún tipo de prensa escrita en las manos, van directo a las últimas páginas. Me imagino que para comprobar, que tipo de falacias se le ha ocurrido escribir esa vez a ese farsante que encima, seguro debe cobrar más que yo con todo lo que me sudo. Ahora, me pregunto, qué acto puede haber más demoníaco, que el sentirse asediado constantemente por el deseo intenso de consultar la suerte en el periódico, o por el de jugarse el número que trae el signo esta semana e incluso, el sentirse casi obligado a ser un poco más prudente en las respuestas que se le dan al jefe, no vaya a ser que se cumpla la profecía. Definitivamente en el horóscopo, mi signo es el de los cachos enormes que se enrollan. Igualito a los que seguro le van a crecer al bebé ese de Rosemary, que me leí en uno de los libros chiquitos que traía la revista Bohemia, porque en la película sale solo al final y casi no se ve nada.

2. Nadie puede culparme porque me guste el rock. Me gustan muchas otras cosas pero si insisto en hablar sobre esto, me siento obligado a reconocer que he cantado (muy mal por cierto) Sympathy for the devil. Muchos lo han hecho. Incluso antes de que yo naciera, y sobre todo con la siguiente muy común condición particular: No tener la menor idea de que dice la letra. No se trata aquí de la pronunciación, ni de relaciones profundas entre música y lenguaje. Esa cosa pegajosa, en la que lo único que reconocí por años fue la frase "Please to meet you...", es un excelente ejemplo para comprender los estragos que puede hacer una buena canción sea del género que sea. También es necesario reconocer la posibilidad de que cualquiera más devoto que yo (cosa no tan difícil), que tampoco  tenga noción del significado de la letra, ni la tolerancia suficiente, pueda llegar a desarrollar al enterarse del nombre Simpatía por el diablo, una hostilidad desinformadamente justificada en su contra. Así como contra cualquier peludo de franela negra e incluso contra cualquier otra canción proveniente de esa música del demonio. Sólo digo que es posible. Pero por otra parte sabemos, que esta relación disfuncional con el diablo no es del todo coherente. Y aunque es posible asociarla al desconocimiento del idioma extranjero, también es cierto el abuso por parte de los consumidores de música rock, de un uso excesivo de simbología abiertamente provocadora y de no moderar su tendencia pendenciera hacia casi cualquier otro género musical. Pero el equilibrio no es cosa del Diablo. Por otro lado sin embargo, podemos reconocer que una parte de nuestro acerbo histórico cultural, asumió y aún resguarda la figura del diablo, como parte integral de lo que nuestra respetada profesora Katrin Lengwinat reconoce como "Manifestaciones de mayor recogimiento" dentro del área llamada "Veneración a entidades divinas". Donde señala que "La representación del diablo entonces no atiende al Maligno como figura, sino como concepto. Es una expresión de la intención de controlar el mal." A lo que no hace referencia en su libro Panorama de tradiciones musicales venezolanas, es a lo que todo el que ha estado cerca de los cultores que hacen de diablo, cuando esta manifestación ocurre, sabe. No es necesario ser especialista para reconocer el placer profundo que sienten estos cultores-intérpretes, durante la manifestación y la puesta en escena de su rol. La pasión de la veneración, se encuentra aquí cruzada con la satisfacción del trabajo bien realizado dentro de la ceremonia-representación y el orgullo ante el reconocimiento de los otros participantes-espectadores. Al mismo tiempo, la conexión que muchos asistentes a estos eventos asignan a la fe devocional, podría hallarse estrechamente emparentada con el gozo, y la posibilidad de satisfacer una necesidad individual de danzar, gritar, perseguir y ser perseguido, embriagarse, en fin, extralimitarse de sus posibilidades cotidianas que en el encuentro con lo otro le es permitido, en el marco de esta ceremonia. Por momentos dejar de ser su yo cotidiano, con un nombre y unas costumbres reconocidas y aceptadas, lo mismo que en cierto modo le ocurre al amigo de la cabellera larga en medio de su concierto o en su cuarto con sus amigos y sus discos. Así no entienda la letra. Así solo grite "Please to meet you" y se sienta fantásticamente parte de algo, pero al mismo tiempo diferente a todos y así, sin saberlo, hermanado en la distancia y el tiempo a través de su simpatía por nuestro ángel gozón, caído en desgracia y complemento necesario, si es que por algún momento alguien desea comprender de que va la virtud. En otras palabras, está muy raro no tenerle un poco de cariño (y respeto claro está) al señor de los cachos.


3. Para exagerar un poco y complacer mi necesidad de ser desmedido, voy a decir que hasta hace pocos días resulté absuelto, en cierta modo, de mi temor al demonio. Para ilustrarlo mejor tomaré prestado lo que Sallie Nichols expone en su libro Jung y el Tarot, acerca de las cualidades arquetípicas de nuestro compañero con rabo y pezuñas, donde dice que "La idea de que la divinidad pueda abarcar los opuestos, incluyendo en ellos el área del oscuro inconsciente, así como de que el Diablo, por su parte, pueda poseer cualidades redentoras y brillantes, resulta sorprendente." Cuando digo que exagero es porque obviamente en mi afán de establecer un vínculo pretencioso entre los cachos de mi chivo astrológico, los Rolling Stone y las Cofradías de Diablos Danzantes he tenido que pedir cacao citando a una analista junguiana devenida en experta del Tarot, junto a una especialista etnomusicóloga reconocida. Pero aún así es preciso recalcar que todas estas visiones coincidentes no son del todo arbitrarias. Por el contrario pueden llegar a convivir en alguien tan atormentado, como podría estar en mi situación cualquiera, teniendo en cuenta la idea de pertenecer sin siquiera saberlo a esta herética y prolífica secta de adoradores del cachuo. La forma de comprobarlo la ofrece la señora Sallie más adelante en su libro, cuando hablando acerca de las cualidades arquetípicas del Diablo, hace un acercamiento a los distintos tipos de manifestaciones demoníacas con las cuales convivimos cotidianamente y que en cierta forma operan de forma inconsciente en nosotros. Uno de esos casos particulares fue el que me llamó a la reflexión. Se trata de un aparte relacionado con las posesiones. Al parecer todos podemos ser objeto de una posesión demoníaca. Teniendo en cuenta que, al igual que en el caso de la profesora Katrin, acá lo demoníaco no es una figura o un ser, sino una idea. En este caso esa zona oscura en nuestra psique, actúa sobre nosotros o mejor dicho potencia nuestra capacidad para sentirnos obsesionados por alguna cosa específica. Pero claro, como esto resulta demasiado fantástico para nuestra comprensión racional, le restamos importancia a todos esos arrebatos en los que no permitimos hablar a los demás durante una conversación, o nos alteramos a niveles siderales cuando nos llevan la contraria, o insistimos hasta el cansancio sobre temas que sólo nos importan a nosotros y decidimos establecer relaciones insólitas entre fenómenos incompatibles con tal de que nuestras ideas sean tomadas en cuenta. Llegando incluso a extraer citas diversas de libros impensables como si en cada reunión familiar, cada parranda con amigos o receso para el café, nuestra idea tuviese que ser reconocida, y divulgada, y si se puede, comprendida. Porque la verdad qué importa andar poseso, qué importa convertirse en un medio para que se manifieste esa zona apartada de nuestra mente, que finalmente es la expresión de una verdad más grande, más colectiva. Qué tanto equilibrio hace falta, cuando todo lo que está fuera de nosotros es un caos. Y el mundo se derrumba, y ya vienen los ángeles con sus trompetas, y la ciudad arde en llamas mientras yo y mis cuernos astrológicos, seguimos teniendo la razón. 

Rafael Nieves